Silueta dividida entre salud metabólica y riesgo cardiometabólico, con referencias a glucosa, masa muscular, grasa visceral e hipertensión

Qué es la salud metabólica y por qué importa más que el peso?

En Colombia, cerca de 3 de cada 10 mujeres adultas y 2 de cada 10 hombres viven con obesidad —29,9% y 18,6%, respectivamente, según el análisis más reciente de tendencias globales de peso corporal—, y se estima que alrededor de 3 millones de colombianos entre 20 y 79 años tienen diabetes tipo 2, una cifra que podría superar los 4 millones para 2050.

Ninguna de esas dos cifras, por separado, te dice si tu metabolismo funciona bien.

La salud metabólica describe qué tan favorable es el conjunto de variables que determinan tu riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardiovascular y otras alteraciones cardiometabólicas. No existe una única definición clínica universal, pero sí hay consenso en algo: glucosa, presión arterial, lípidos, adiposidad abdominal y composición corporal deben interpretarse en conjunto, no de forma aislada.

Y el peso, por sí solo, no puede explicar todo eso.

¿Qué es la salud metabólica y cómo se mide?

La salud metabólica describe qué tan bien regula tu cuerpo variables como glucosa, presión arterial, lípidos y distribución de la grasa corporal.

En la práctica clínica, la evaluación puede incluir:

  • glucosa en ayunas;
  • hemoglobina glicosilada (HbA1c);
  • triglicéridos;
  • colesterol HDL;
  • colesterol LDL y, según el riesgo, ApoB;
  • presión arterial;
  • circunferencia abdominal;
  • composición corporal;
  • grasa visceral;
  • función hepática y otros biomarcadores según el contexto clínico.

Ningún marcador debe interpretarse completamente solo. Lo importante es el patrón que forman en conjunto y cómo ese patrón cambia con el tiempo.

Cada semana veo una situación que lo ilustra bien: dos personas pueden pesar exactamente lo mismo y tener perfiles metabólicos completamente diferentes.

La diferencia puede estar en cuánto de ese peso corresponde a músculo, cuánto a grasa subcutánea y cuánto a grasa visceral, es decir, la grasa que se acumula alrededor de los órganos abdominales.

La adiposidad visceral tiene una asociación particularmente importante con resistencia a la insulina y riesgo cardiometabólico.

Por eso es posible tener un IMC dentro del rango considerado normal y, aun así, presentar un perfil metabólico desfavorable.

También existe el concepto de obesidad metabólicamente saludable, utilizado para describir personas con obesidad que mantienen determinados parámetros metabólicos relativamente favorables. Sin embargo, este fenotipo no necesariamente implica ausencia de riesgo ni estabilidad a largo plazo.

El peso importa.

Lo que no puede hacer es explicar, por sí solo, tu salud metabólica.

¿Qué es el síndrome metabólico y cómo se diagnostica?

El síndrome metabólico es la agrupación de varios factores de riesgo cardiometabólico que tienden a aparecer juntos.

El consenso internacional armonizado incluye cinco componentes principales:

  • aumento de la circunferencia abdominal;
  • triglicéridos elevados;
  • colesterol HDL bajo;
  • presión arterial elevada;
  • glucosa en ayunas elevada.

La presencia de tres de estos cinco criterios permite establecer el diagnóstico de síndrome metabólico según el consenso armonizado de 2009.

La idea de que estas alteraciones estaban relacionadas entre sí tiene una historia anterior.

En su conferencia Banting de 1988, Gerald Reaven describió cómo la resistencia a la insulina podía contribuir a la aparición conjunta de hipertensión, alteraciones de los triglicéridos, HDL bajo e intolerancia a la glucosa. Lo llamó inicialmente Síndrome X.

Reaven describió el patrón fisiopatológico. Los criterios diagnósticos modernos aparecieron posteriormente.

¿Se puede tener un peso normal y mala salud metabólica?

Sí.

Esta es una de las razones por las que utilizar únicamente el peso o el IMC puede resultar insuficiente.

Una persona puede tener un IMC normal y presentar:

  • acumulación de grasa visceral;
  • hipertensión;
  • hipertrigliceridemia;
  • HDL bajo;
  • alteraciones de la glucosa;
  • resistencia a la insulina;
  • pérdida de masa muscular.

Al mismo tiempo, dos personas con el mismo IMC pueden tener cantidades muy diferentes de masa muscular y grasa abdominal.

Por eso, cuando el objetivo es estimar riesgo cardiometabólico, la composición corporal y los biomarcadores aportan información que la báscula no puede mostrar.

¿Qué evalúo cuando el peso no explica el riesgo?

No empiezo por la báscula.

Empiezo por la historia clínica, antecedentes familiares, medicamentos, síntomas, hábitos, actividad física, sueño y examen físico.

A partir de ahí, selecciono los biomarcadores que tienen sentido para cada paciente.

Entre los más habituales están:

Glucosa en ayunas y HbA1c.
Permiten evaluar diferentes aspectos del metabolismo de la glucosa. La HbA1c refleja la exposición glucémica aproximada de los últimos meses.

Perfil lipídico.
Triglicéridos, HDL y LDL aportan información relevante sobre riesgo cardiometabólico. En determinados pacientes, ApoB puede mejorar la evaluación del número de partículas aterogénicas.

Presión arterial.
Forma parte de los criterios clásicos del síndrome metabólico y constituye por sí misma un factor de riesgo cardiovascular importante.

Circunferencia abdominal y grasa visceral.
Ayudan a estimar la distribución de la adiposidad, que puede ser clínicamente más relevante que el peso total.

Composición corporal.
La bioimpedancia permite estimar masa muscular, masa grasa y otros compartimentos corporales. No mide directamente la grasa visceral como lo harían métodos de imagen, pero resulta útil para hacer seguimiento longitudinal cuando se utiliza de manera consistente.

Según el perfil clínico, también pueden ser necesarios otros estudios, como función hepática, ácido úrico, función renal u otros biomarcadores.

Salud metabólica no significa únicamente “no tener diabetes”

Este es un punto importante.

Una persona puede no cumplir criterios de diabetes y aun así presentar un patrón metabólico desfavorable.

Por ejemplo:

  • glucosa progresivamente más alta;
  • aumento de triglicéridos;
  • disminución del HDL;
  • aumento de la presión arterial;
  • incremento de la circunferencia abdominal;
  • acumulación de grasa visceral;
  • deterioro progresivo de la composición corporal.

Esperar hasta que aparezca un diagnóstico formal puede hacer que se pierda información valiosa sobre la trayectoria del riesgo.

Por eso, la evaluación metabólica no debería limitarse a preguntar:

“¿Este resultado todavía está dentro del rango?”

También conviene preguntar:

“¿Hacia dónde se está moviendo?”

La trayectoria metabólica importa tanto como el resultado actual

Ningún resultado debería interpretarse como una fotografía aislada.

Un biomarcador todavía dentro del rango de referencia, pero que empeora de forma progresiva durante varios años, puede tener un significado clínico diferente al mismo valor en una persona estable.

Por eso resulta útil observar tendencias:

  • glucosa;
  • HbA1c;
  • triglicéridos;
  • presión arterial;
  • circunferencia abdominal;
  • grasa visceral;
  • masa muscular;
  • peso y composición corporal.

La trayectoria permite identificar cuándo el riesgo metabólico está cambiando antes de que necesariamente aparezca una enfermedad diagnosticada.

En SIDERAL MD, dentro de una práctica médica enfocada en Riesgo Clínico, Salud Metabólica y Medicina de Longevidad, el peso forma parte de la evaluación, pero no define por sí solo la estrategia.

Lo importante es entender el conjunto: biomarcadores, composición corporal, antecedentes, hábitos y evolución en el tiempo.

Porque la pregunta clínicamente relevante no es únicamente cuánto pesas.

Es qué está ocurriendo metabólicamente detrás de ese peso.


Referencias

  1. NCD Risk Factor Collaboration (NCD-RisC). Worldwide trends in underweight and obesity from 1990 to 2022: a pooled analysis of 3663 population-representative studies with 222 million children, adolescents, and adults. The Lancet. 2024;403(10431):1027-1050.
  2. International Diabetes Federation. IDF Diabetes Atlas. 11th edition. Brussels: International Diabetes Federation; 2025.
  3. Schulze MB, Stefan N. Metabolically healthy obesity: from epidemiology and mechanisms to clinical implications. Nature Reviews Endocrinology. 2024;20(11):633-646.
  4. Reaven GM. Banting Lecture 1988. Role of insulin resistance in human disease. Diabetes. 1988;37(12):1595-1607.
  5. Alberti KGMM, Eckel RH, Grundy SM, et al. Harmonizing the Metabolic Syndrome: A Joint Interim Statement. Circulation. 2009;120(16):1640-1645.
  6. Neeland IJ, Ross R, Després JP, et al. Visceral and ectopic fat, atherosclerosis, and cardiometabolic disease: a position statement. The Lancet Diabetes & Endocrinology. 2019;7(9):715-725.
  7. Arteaga JM, Latorre-Santos C, Ibáñez-Pinilla M, et al. Prevalence of Type 2 Diabetes, Overweight, Obesity, and Metabolic Syndrome in Adults in Bogotá, Colombia, 2022–2023: A Cross-Sectional Population Survey. Annals of Global Health. 2024;90(1).

Nota editorial: este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación médica individual

Scroll to Top