GLP-1 y la pérdida de músculo: ¿estamos perdiendo peso de la manera correcta?
Los agonistas del receptor de GLP-1 y los agonistas duales GLP-1/GIP, como la semaglutida y la tirzepatida, han transformado el tratamiento de la obesidad: en ensayos clínicos se han observado pérdidas de peso cercanas al 15 % con semaglutida 2,4 mg y superiores al 20 % con las dosis más altas de tirzepatida [1,2]. Sin embargo, perder peso no significa necesariamente mejorar la composición corporal. La báscula no distingue entre grasa, masa muscular, hueso, órganos y agua. Dos personas pueden perder los mismos 15 kg y obtener resultados muy diferentes si una pierde principalmente grasa y conserva su fuerza y función, mientras la otra pierde una proporción importante de masa muscular y capacidad física.
¿Por qué preocupa la pérdida de músculo con GLP-1?
Toda pérdida de peso importante, sea por dieta, cirugía o fármacos, se acompaña de una reducción de masa magra [3]. La inquietud con los GLP-1 surge de la magnitud y la rapidez de la pérdida de peso que permiten lograr. No hay evidencia de un efecto tóxico directo sobre el músculo: en humanos no se han identificado receptores de GLP-1 en el músculo esquelético, por lo que los efectos serían indirectos [3].
Conviene distinguir tres conceptos que suelen confundirse. La masa magra es todo lo que no es grasa: músculo, pero también órganos, hueso, agua y el componente no graso del propio tejido adiposo; suele medirse con mayor precisión con densitometría dual de rayos X (DEXA) [3]. La masa muscular, en cambio, se refiere específicamente al músculo esquelético. Cuando la masa muscular es muy baja y además existe disminución de la fuerza, clínicamente puede identificarse una condición llamada sarcopenia, que en sus forma avanzada también puede deteriorar el rendimiento físico. Por eso, perder masa magra no significa automáticamente perder la misma cantidad de músculo, desarrollar sarcopenia o perder función.

¿Cuánto músculo se pierde realmente?
Los resultados varían entre estudios según la población, el medicamento, la duración y el método utilizado para medir la composición corporal. Una metaanálisis de ensayos aleatorizados publicada en 2026 estimó que la masa magra representó alrededor del 35 % del peso perdido con semaglutida y del 25 % con tirzepatida. Como referencia, en intervenciones basadas en estilo de vida la proporción fue cercana al 26 % [20]. Esto sugiere que la reducción de masa magra no es exclusiva de los medicamentos GLP-1 y acompaña, en distinta magnitud, a la pérdida importante de peso.
Los datos provienen sobre todo de estudios con DEXA de tamaño reducido. En el subestudio de SURMOUNT-1 (160 participantes, tirzepatida durante 72 semanas), el peso descendió 21,3 %, la masa grasa 33,9 % y la masa magra 10,9 %; alrededor del 75 % del peso perdido fue grasa y el 25 % masa magra, una proporción similar a la del grupo placebo [6]. Con semaglutida 2,4 mg, cálculos retrospectivos del estudio STEP 1 sitúan la masa magra en torno al 45 % del peso perdido [1,3], cifra que debe leerse con cautela por su método de estimación.
Diferenciar masa magra de músculo cambia la lectura. En estudios con resonancia magnética, liraglutida y tirzepatida se asociaron con descensos del volumen muscular acordes con lo esperable por el peso perdido, la edad y la enfermedad de base, junto con menor infiltración grasa del músculo, un indicador de mejor calidad muscular [3,8]. Algunos autores lo interpretan como una adaptación en gran parte fisiológica; el debate sigue abierto en cuanto a su relevancia clínica a largo plazo y se reclaman estudios centrados en la función [9,10].
En cuanto a la fuerza, el estudio observacional SEMALEAN (106 pacientes con obesidad, semaglutida 2,4 mg durante 12 meses, sin grupo control) mostró una caída de unos 3 kg de masa magra en los primeros siete meses que luego se estabilizó, un aumento de la fuerza de prensión y un descenso de la prevalencia de obesidad sarcopénica del 49 % al 33 % [11]. Son datos alentadores, pero no permiten atribuir causalidad; los ensayos de registro no se diseñaron para evaluar músculo ni función, y la evidencia funcional sigue siendo limitada [3].
¿Quién tiene más riesgo?
El riesgo no es homogéneo. Por fisiología y por evidencia indirecta, es más probable que la pérdida muscular sea clínicamente relevante en adultos mayores, que parten con menos reserva; en personas con baja masa muscular inicial o sarcopenia previa, incluida la obesidad sarcopénica [12]; en quienes ingieren poca proteína, algo relevante porque los GLP-1 reducen el apetito y pueden desplazar la elección hacia alimentos con menos proteína de calidad [3]; y en quienes siguen dietas muy hipocalóricas, son sedentarios o pierden peso muy rápido. También pesan las enfermedades crónicas, como la enfermedad renal o la insuficiencia cardiaca, y la fatiga, que puede limitar la actividad física [3].
Son factores de riesgo plausibles, no prueba de que el fármaco cause por sí solo el deterioro. En SURMOUNT-1, la proporción de grasa y de masa magra perdida fue similar entre sexos y grupos de edad [6]. Aun así, los adultos mayores frágiles suelen estar poco representados en los ensayos, por lo que en ellos conviene un seguimiento más estrecho.
¿Cómo proteger el músculo durante el tratamiento?
Las siguientes medidas se apoyan en evidencia de pérdida de peso con dieta y en consensos de expertos; aún faltan ensayos que las evalúen específicamente junto con GLP-1 [13–15].
Proteína suficiente. Un estudio en adultos mayores halló menor pérdida de masa magra con mayor ingesta proteica durante la pérdida de peso [16]. Durante una pérdida activa de peso suelen proponerse ingestas de proteína alrededor de 1,2 a 1,6 g/kg/día en adultos seleccionados, aunque no existe consenso sobre si en personas con obesidad el cálculo debe hacerse utilizando el peso actual, ideal, ajustado o la masa libre de grasa. Por eso, más que aplicar una fórmula universal, la cantidad debe individualizarse según composición corporal, edad, actividad física, ingesta total y objetivo clínico.
Entrenamiento de fuerza. El ejercicio de resistencia, ayuda a preservar la masa magra y mejora la fuerza durante la pérdida de peso [3]. En adultos mayores con obesidad que seguían una dieta hipocalórica, el ejercicio aeróbico y de resistencia combinados logró una mejoría funcional mayor que la dieta sola [17]. Las guías de la OMS recomiendan actividades de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana [18], y en un ensayo de mantenimiento del peso tras una pérdida previa inducida por dieta, la combinación de ejercicio y liraglutida se asoció con mayor pérdida de grasa y con masa magra conservada [19].
Actividad física. Reducir el sedentarismo y acumular al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, según la OMS [18], favorece la función y el control metabólico, adaptándose a la tolerancia de cada persona.
Déficit energético razonable. La proporción del peso perdido que corresponde a masa magra depende, entre otros factores, de la ingesta de energía, la composición de la dieta y la actividad física [7]. Una restricción excesiva sumada a una fuerte supresión del apetito puede dejar la ingesta de energía y proteína por debajo de lo necesario; si la pérdida es muy rápida, puede plantearse con el médico el ritmo de ajuste de la dosis y el apoyo nutricional.
Seguimiento cuando sea pertinente. En adultos mayores, personas con poco músculo, enfermedades crónicas o pérdidas muy rápidas conviene medir al inicio y periódicamente la composición corporal (DEXA o bioimpedancia, con sus limitaciones) y, sobre todo, la función: fuerza de prensión, prueba de levantarse de una silla y velocidad de marcha, herramientas centrales en la evaluación de la sarcopenia [4]. El consenso conjunto de cuatro sociedades estadounidenses propone una evaluación inicial que incluya fuerza, función y composición corporal [13].
¿Cómo debería medirse el éxito de un GLP-1?
El peso y el índice de masa corporal (IMC) son un punto de partida, no la meta. Un panel más informativo incluye la grasa corporal y su distribución (circunferencia de cintura o relación cintura-estatura); la masa muscular y, sobre todo, la fuerza; la capacidad funcional (levantarse de una silla, marcha, tolerancia al esfuerzo); el control metabólico (glucemia, HbA1c, lípidos, presión arterial, marcadores hepáticos); y el bienestar y la calidad de vida.
Un ejemplo hipotético: perder 10 kg con fuerza conservada, menor cintura y mejor HbA1c es un resultado distinto de perder 10 kg con caída de la fuerza y de la velocidad de marcha, aunque la báscula muestre la misma cifra. Hoy no existen umbrales universales sobre cuánta pérdida de masa magra es aceptable [3], por lo que el seguimiento debe ser individualizado y centrarse en tendencias.
Conclusión
Los GLP-1 son herramientas eficaces para reducir el peso y mejorar la salud metabólica, y la evidencia actual no permite afirmar que dañen el músculo de forma directa. Sí indica que una parte del peso perdido es masa magra, que su magnitud varía entre estudios y personas y que los datos sobre función son todavía limitados. Los adultos mayores, las personas con poco músculo y quienes ingieren poca proteína merecen atención especial. Las medidas más razonables son las más sencillas: proteína suficiente, entrenamiento de fuerza, actividad física regular, un ritmo de pérdida razonable y seguimiento de la fuerza y la función, no solo de los kilos.
El objetivo no es simplemente pesar menos. Es perder grasa preservando la mayor cantidad posible de músculo y función.
Referencias
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2. Jastreboff AM, Aronne LJ, Ahmad NN, et al. Tirzepatide once weekly for the treatment of obesity. N Engl J Med. 2022;387(3):205-216. doi:10.1056/NEJMoa2206038
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8. Linge J, Birkenfeld AL, Neeland IJ. Muscle mass and glucagon-like peptide-1 receptor agonists: adaptive or maladaptive response to weight loss? Circulation. 2024;150(16):1288-1298. doi:10.1161/CIRCULATIONAHA.124.067676
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MD, MSc en Farmacología y fundador de SIDERAL MD.
Riesgo clínico, salud metabólica y medicina de longevidad.



